Sólo la posibilidad me asusta, la deseo sí, pero mi cuerpo comienza a sentirse extraño, una parte de él se reusa a la invasión de nueva sangre llena de sustancias tóxicas para la razón...pero adictivas para el alma...batalla tras batalla me duele más pensar en ello y sin embargo lo hago, juego a favor y en contra, haciendo un monólogo a la madrugada y despertando con la negación en el rostro pero el deseo flamable en el corazón, con las manos vacías y los ojos inundados, sin ilusión, respirando profundo...mi mente se queda en blanco...no recuerdo...no existo...me extingo...soy feliz.